El esguince del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo representa una de las lesiones musculoesqueléticas más comunes en el deporte. Aunque suele considerarse una lesión menor, su manejo inadecuado puede conllevar disfunción crónica, inestabilidad articular y riesgo elevado de recidiva. En este contexto, la fisioterapia juega un papel crucial, especialmente a través de protocolos que integran entrenamiento propioceptivo, orientados a restaurar el control neuromuscular y la estabilidad funcional del tobillo.
La propiocepción, entendida como la capacidad del sistema nervioso para percibir la posición y el movimiento de las articulaciones, se ve alterada tras un esguince de tobillo, incluso después de que desaparezca el dolor. Por ello, su recuperación es un objetivo terapéutico prioritario en fases subagudas y crónicas del proceso de rehabilitación.
El ligamento lateral externo está compuesto por tres fascículos: el peroneoastragalino anterior (PLAA), el peroneocalcáneo (PLC) y el peroneoastragalino posterior (PLAP). De ellos, el PLAA es el más frecuentemente lesionado en los esguinces en inversión con flexión plantar, mecanismo típico en deportes como fútbol, baloncesto, voleibol o atletismo.
Tras el traumatismo, además del daño ligamentoso, se produce una alteración de los receptores propioceptivos articulares y periarticulares. Esto afecta los reflejos posturales, el tiempo de reacción muscular y la estabilidad funcional, lo cual explica la alta tasa de recurrencia (hasta el 70% en algunos estudios) si no se realiza una rehabilitación adecuada
La evidencia actual destaca que el entrenamiento propioceptivo reduce significativamente la incidencia de nuevos esguinces, mejora el control postural y acelera el retorno deportivo. A diferencia de los tratamientos centrados únicamente en la fuerza muscular o el rango articular, los programas propioceptivos abordan directamente la deficiencia sensoriomotriz residual, elemento clave en la inestabilidad funcional del tobillo.
Entre los beneficios clínicamente documentados del trabajo propioceptivo se encuentran:
La neuroplasticidad inducida por estos entrenamientos favorece una reorganización eficiente de los patrones motores, lo que disminuye la dependencia de mecanismos compensatorios y el riesgo de recaída.
Para que el entrenamiento propioceptivo sea eficaz, debe cumplir con criterios de progresión, especificidad y adaptabilidad. Un protocolo eficaz incluirá:
El control de la postura en carga unipodal es fundamental, ya que refleja las exigencias funcionales del deporte. Se inicia sobre superficies estables y se progresa a superficies inestables (como BOSU, discos de equilibrio o colchonetas), incorporando tareas adicionales que simulen condiciones deportivas.
El estímulo de reflejos automáticos mediante ejercicios con perturbaciones externas o con cambios rápidos de dirección ayuda a restablecer la capacidad de respuesta frente a desequilibrios imprevistos.
A medida que el paciente progresa, se integran movimientos propios del deporte practicado: recepciones de salto, desplazamientos laterales, pivotes o tareas visuales que interfieran con el control postural.
El uso de feedback visual o auditivo durante el ejercicio facilita el reaprendizaje motor. Técnicas como la grabación en vídeo, espejos o plataformas con biofeedback pueden potenciar el rendimiento terapéutico.
La rehabilitación debe planificarse en fases, en función del estado clínico del paciente y los objetivos funcionales. Una guía terapéutica podría organizarse del siguiente modo:
La revisión analizada confirma que los programas de entrenamiento propioceptivo estructurados reducen en más del 40% la incidencia de nuevos esguinces en deportistas. Además, mejoran parámetros como:
Estos resultados respaldan el uso rutinario de programas propioceptivos como parte central del tratamiento fisioterapéutico tras un esguince de LLE en atletas.
Para aplicar con eficacia estos abordajes, el fisioterapeuta debe contar con formación específica en valoración funcional, control motor, prevención de lesiones deportivas y readaptación al esfuerzo. En FisioCampus, puedes encontrar formaciones como:
Estas herramientas permiten al fisioterapeuta diseñar planes de intervención basados en evidencia, seguros y adaptados a cada disciplina deportiva.
El entrenamiento propioceptivo es un pilar esencial en la rehabilitación del esguince del ligamento lateral externo del tobillo, especialmente en deportistas. Su inclusión temprana, progresiva y específica permite restablecer la estabilidad funcional, prevenir recidivas y optimizar el retorno al rendimiento deportivo. El abordaje fisioterapéutico debe basarse en una evaluación individualizada, una intervención multimodal y un seguimiento a largo plazo que garantice resultados sostenibles y seguros.