El running, aunque ampliamente promovido por sus beneficios cardiovasculares y metabólicos, presenta una elevada incidencia de lesiones musculoesqueléticas, muchas de ellas derivadas de alteraciones en la biomecánica de la carrera. Esta problemática ha cobrado especial atención entre fisioterapeutas y profesionales de la salud del deporte, dado su impacto funcional, su recurrencia, y su relación directa con factores modificables del gesto deportivo.
Comprender cómo las características del patrón de carrera influyen en la aparición de lesiones permite diseñar intervenciones fisioterapéuticas preventivas, correctivas y educativas que mejoran el rendimiento y reducen la incidencia de sobrecargas en corredores de todos los niveles.
Las lesiones por sobreuso representan el mayor porcentaje de patologías en corredores, tanto recreativos como profesionales. Estas se desarrollan progresivamente por la repetición continua de movimientos, muchas veces ejecutados con deficiencias técnicas. Las más prevalentes incluyen:
Estas lesiones no suelen tener un único factor causal, sino que emergen de la interacción entre la técnica de carrera, el calzado, el terreno, la fuerza muscular, la movilidad articular y el control neuromotor.
La revisión evidencia que ciertos aspectos del gesto de carrera se asocian con mayor riesgo lesional. Entre los más relevantes destacan:
El contacto inicial puede realizarse con el talón (rearfoot), mediopié (midfoot) o antepié (forefoot). Aunque ninguno es patológico por sí mismo, se ha observado que una entrada excesiva de talón combinada con una zancada larga aumenta el impacto de frenado y el estrés tibial.
Una cadencia baja (<160 pasos/min) favorece un mayor tiempo de contacto con el suelo y un aumento de la oscilación vertical, lo que incrementa las fuerzas de reacción articular. Aumentar la cadencia entre un 5-10% ha demostrado reducir la carga sobre rodilla y cadera.
La inclinación del tronco hacia adelante mejora la alineación del centro de masas y favorece una mejor absorción del impacto por la musculatura posterior. En corredores con tendencia a mantener una postura rígida o en retroversión pélvica, puede aumentar el riesgo de lesión lumbar o isquiotibial.
Este patrón, común en corredores con debilidad glútea o control neuromuscular deficiente, genera un aumento de tensión sobre la banda iliotibial y la articulación femoropatelar.
El abordaje clínico debe ir más allá del diagnóstico estructural y centrarse en una evaluación funcional y biomecánica completa. Esta puede incluir:
Estos datos permiten establecer hipótesis clínicas y diseñar un plan de intervención personalizado que aborde los factores causales de la lesión.
La evidencia actual respalda múltiples intervenciones desde la fisioterapia para corregir patrones biomecánicos y reducir la incidencia de lesiones en corredores. Entre las más eficaces se encuentran:
Mediante técnicas de feedback visual, verbal y kinestésico, es posible enseñar al corredor a modificar ciertos aspectos de su técnica, como acortar la zancada, aumentar la cadencia o mejorar la postura del tronco. Estas modificaciones deben ser progresivas y supervisadas por fisioterapeutas expertos.
La integración de ejercicios de fuerza funcional y estabilidad es clave. Se prioriza el trabajo de glúteos, core, abductores, flexores plantares y musculatura intrínseca del pie. La mejora del control neuromuscular favorece una absorción más eficiente de las cargas.
Mediante técnicas como el reentrenamiento en cinta, trabajo de skipping, multisaltos o zancadas asistidas, se busca automatizar patrones de carrera más eficientes y seguros.
Cuando se identifican alteraciones biomecánicas que no pueden corregirse únicamente con ejercicios, puede valorarse la prescripción de ortesis plantares funcionales. El tipo de calzado también debe adaptarse a la técnica del corredor y al tipo de superficie.
Uno de los errores más comunes en corredores lesionados es el incremento brusco del volumen o la intensidad del entrenamiento. La fisioterapia debe acompañar el proceso de retorno a la actividad con una planificación gradual, respetando los tiempos de adaptación tisular y vigilando los signos de sobrecarga.
La aplicación de principios de control de carga como la ratio semanal (no superar un 10% de aumento), la alternancia de intensidades y la inclusión de descanso activo, son fundamentales para evitar recaídas.
El abordaje de corredores requiere formación específica en análisis de movimiento, biomecánica aplicada, readaptación deportiva y prescripción del ejercicio. En FisioCampus, los fisioterapeutas pueden acceder a programas como:
Estas formaciones permiten aplicar criterios basados en la evidencia, con una visión integral y centrada en la funcionalidad.
Las lesiones en corredores están estrechamente relacionadas con alteraciones biomecánicas que pueden ser detectadas y abordadas desde la fisioterapia. Un análisis funcional completo, combinado con estrategias de corrección técnica, fortalecimiento y control de carga, permite no solo tratar la patología actual, sino prevenir futuras recaídas. El fisioterapeuta del deporte tiene un rol clave como educador, evaluador y acompañante en el proceso de optimización del gesto deportivo.