Las quemaduras constituyen una de las lesiones traumáticas más devastadoras a nivel cutáneo y funcional. Afectan no solo la integridad de la piel, sino también los sistemas musculoesquelético, linfático, respiratorio y emocional, comprometiendo la funcionalidad global y la calidad de vida del paciente. En este contexto, la fisioterapia dermato-funcional ha adquirido un papel central en los protocolos de rehabilitación, con el objetivo de restaurar las funciones afectadas, prevenir secuelas y mejorar la estética y el confort del paciente.
El abordaje fisioterapéutico debe ser integral, progresivo y adaptado a cada fase del proceso de cicatrización. La intervención precoz y continua permite optimizar la recuperación del tejido lesionado, prevenir contracturas, mejorar la movilidad, controlar el dolor y favorecer la reintegración del paciente a sus actividades cotidianas y sociales.
Las quemaduras provocan un daño tisular que afecta la piel, y en grados más severos, estructuras subyacentes como fascias, músculos o tendones. Dependiendo de la extensión y profundidad, el paciente puede experimentar alteraciones metabólicas, inflamación sistémica, desnutrición y complicaciones infecciosas. El proceso de cicatrización en estos casos es largo y complejo, y puede desencadenar la formación de cicatrices hipertróficas, retracciones cutáneas, disfunciones linfáticas y pérdida de la elasticidad y movilidad articular.
Entre las principales secuelas funcionales se destacan:
Estos factores justifican la inclusión temprana del fisioterapeuta dermato-funcional como parte del equipo interdisciplinario.
El tratamiento fisioterapéutico se basa en una serie de objetivos que varían según la fase del proceso de cicatrización. En términos generales, se busca:
El tratamiento debe ser personalizado, evaluando factores como la localización de la quemadura, el grado de afectación, el tiempo transcurrido desde la lesión y las necesidades funcionales del paciente
A lo largo de la evolución clínica del paciente quemado, la fisioterapia emplea diversas estrategias para alcanzar los objetivos terapéuticos.
La movilización precoz, tanto activa como asistida, es fundamental para evitar la rigidez articular y la pérdida de función. Se realizan ejercicios de amplitud de movimiento, estiramientos suaves y actividades funcionales adaptadas que deben ser progresivas y no dolorosas. En zonas de retracción, se puede aplicar elongación mantenida con dispositivos ortésicos.
Una de las técnicas más empleadas es el masaje sobre la cicatriz, que ayuda a romper adherencias, mejorar la vascularización local y aumentar la elasticidad del tejido. El masaje debe realizarse con presión progresiva, respetando la tolerancia del paciente, y puede combinarse con aceites, cremas regeneradoras o principios activos.
El uso de prendas compresivas ha demostrado ser eficaz en la modulación de la cicatriz hipertrófica y en la prevención de queloides. El fisioterapeuta puede indicar el uso de mallas, vendas elásticas o apósitos de silicona, ajustados individualmente al paciente y al grado de cicatrización.
Cuando existe edema persistente o linfedema secundario, el drenaje linfático manual puede favorecer el retorno venoso y mejorar la oxigenación del tejido. Además, mejora la sensibilidad y reduce la sensación de tirantez cutánea.
Modalidades como el ultrasonido terapéutico, microcorrientes o radiofrecuencia pueden ser utilizadas para estimular la regeneración tisular, aliviar el dolor o modular el colágeno cicatricial. La elección depende de la fase de cicatrización y de la disponibilidad de recursos tecnológicos.
En quemaduras extensas o que afectan zonas funcionales (manos, cuello, cara), es crucial trabajar en la integración funcional de movimientos complejos, la destreza fina y la autonomía en las actividades de la vida diaria. La fisioterapia se puede complementar con la terapia ocupacional para facilitar esta reintegración.
El tratamiento del paciente quemado requiere un enfoque colaborativo entre múltiples profesionales: médicos, enfermeros, psicólogos, nutricionistas y fisioterapeutas. El fisioterapeuta debe estar integrado desde las etapas más tempranas del ingreso hospitalario, coordinando sus intervenciones con el resto del equipo y adaptándose a las fases clínicas.
La comunicación constante y la revaloración funcional permiten establecer objetivos realistas y reevaluar progresos, facilitando una transición segura desde el entorno hospitalario al domiciliario y posterior seguimiento ambulatorio.
El componente emocional en pacientes con quemaduras es significativo. Las alteraciones de la imagen corporal, el dolor crónico, las limitaciones funcionales y la dependencia de terceros pueden generar ansiedad, depresión o aislamiento social. El fisioterapeuta debe adoptar un abordaje empático, sensible y orientado al paciente, generando confianza, promoviendo la participación activa en el tratamiento y celebrando pequeños logros en el proceso de recuperación.
El trabajo con pacientes quemados exige del fisioterapeuta un conocimiento profundo de los procesos fisiopatológicos de la piel, de la biomecánica funcional y del uso adecuado de tecnologías específicas. En este sentido, es fundamental acceder a programas de formación continua que incluyan:
En FisioCampus, se ofrecen cursos especializados en fisioterapia dermato-funcional y manejo integral de cicatrices, enfocados a fisioterapeutas que trabajan en unidades de quemados, clínicas estéticas o rehabilitación funcional.
La fisioterapia dermato-funcional desempeña un papel crucial en la rehabilitación de pacientes con quemaduras, ayudando a restaurar funciones comprometidas, prevenir secuelas y mejorar la calidad de vida del paciente. Su intervención debe comenzar de manera temprana, con un enfoque individualizado y multidisciplinar, combinando técnicas manuales, terapia física y reeducación funcional. La evidencia actual respalda su eficacia en el manejo de cicatrices, control del dolor y optimización del proceso de reintegración física y emocional. La capacitación especializada del fisioterapeuta es clave para garantizar resultados clínicos seguros y sostenibles en el tiempo.