La pubalgia, también denominada dolor inguinal o aductor crónico, representa un desafío clínico habitual en fisioterapia deportiva, especialmente en deportes de alta demanda como fútbol, hockey, rugby o atletismo. Su abordaje efectivo requiere una comprensión multidimensional del problema, una evaluación precisa y la aplicación de estrategias terapéuticas individualizadas basadas en evidencia.
En las últimas décadas, la comprensión etiopatogénica de la pubalgia ha evolucionado, pasando de una visión centrada en lesiones musculares aisladas a un enfoque más integrador que incluye factores biomecánicos, control motor y sobrecarga funcional. Esta transición ha impulsado el desarrollo de guías clínicas y protocolos de tratamiento activos que priorizan el ejercicio terapéutico, el control neuromuscular y la readaptación progresiva.
Este artículo revisa críticamente la literatura científica reciente y las recomendaciones clínicas para el tratamiento fisioterapéutico de la pubalgia en deportistas, con especial énfasis en los abordajes activos respaldados por la evidencia.
El término “pubalgia” engloba un conjunto heterogéneo de entidades clínicas que comparten el dolor en la región inguinal y pubiana, habitualmente de origen crónico. Desde el punto de vista biomecánico y clínico, se han propuesto varias estructuras como origen del dolor:
Diversos autores han destacado la implicación de desequilibrios de fuerza entre musculatura abdominal y aductora, disfunción del core lumbopélvico, y deficiencias en el control motor proximal como factores predisponentes (Weir et al., 2015). Esta complejidad requiere un abordaje diagnóstico funcional y no meramente estructural.
Desde una perspectiva neurofisiológica, la persistencia del dolor más allá de la fase inflamatoria aguda sugiere procesos de sensibilización periférica y posiblemente central, especialmente en casos crónicos no tratados adecuadamente.
En los últimos años, múltiples estudios han analizado la efectividad de los diferentes abordajes terapéuticos en la pubalgia, con un consenso creciente hacia el tratamiento activo como estrategia de primera línea.
Una revisión sistemática publicada por Serner et al. (2015) sobre el tratamiento conservador del dolor inguinal en atletas encontró que los programas de ejercicio progresivo obtienen mejores resultados funcionales y tasas de retorno al deporte más rápidas en comparación con intervenciones pasivas aisladas.
Más recientemente, una guía clínica del British Journal of Sports Medicine (BJSM, 2020) sobre el manejo del dolor inguinal en futbolistas propone una clasificación clínica en cuatro categorías (aductora, psoas, canal inguinal, púbica) y recomienda protocolos específicos de carga progresiva y control motor según el tipo de afectación.
Un ensayo clínico controlado (Harøy et al., 2019) comparó la eficacia de un programa basado en ejercicios de control lumbo-pélvico versus tratamiento convencional (masoterapia, estiramientos, reposo relativo) en jugadores de fútbol con pubalgia. El grupo de ejercicio mostró mejoras significativas en el dolor, fuerza aductora y retorno funcional.
Además, la literatura destaca la importancia del control neuromuscular y la integración de patrones de movimiento específicos al deporte como componentes esenciales del tratamiento, especialmente en fases de readaptación.
La implementación clínica de estos hallazgos requiere una evaluación precisa de cada caso, diferenciando entre las distintas formas clínicas de dolor inguinal y estableciendo un plan de tratamiento individualizado.
Desde la exploración inicial, deben valorarse:
Con base en estos hallazgos, el tratamiento debe estructurarse en fases que combinen:
El papel del fisioterapeuta va más allá del tratamiento sintomático, implicando decisiones clínicas sobre carga, progresión, control de factores de riesgo y, en ocasiones, derivación médica si se sospechan patologías quirúrgicas (hernia del deportista).
Pese a los avances, la evidencia actual presenta ciertas limitaciones que deben tenerse en cuenta:
Además, persiste controversia sobre el papel de intervenciones como punción seca, terapia manual o técnicas invasivas, que pueden tener un rol complementario pero carecen de evidencia robusta como tratamiento principal en esta patología.
El razonamiento clínico debe incorporar estos aspectos, valorando beneficios potenciales frente a coste, carga terapéutica y preferencias del deportista.
No todos los deportistas con dolor inguinal se benefician del mismo protocolo. La selección adecuada requiere:
Los criterios para progresar en el tratamiento incluyen:
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La pubalgia en deportistas es una entidad compleja, multifactorial y con alto impacto funcional. La evidencia científica actual respalda de forma sólida el uso de programas activos de ejercicio terapéutico, control motor y readaptación progresiva como eje del tratamiento fisioterapéutico.
La práctica clínica debe apoyarse en una evaluación funcional detallada, protocolos adaptados al deporte y decisiones individualizadas. Aunque existen lagunas en la investigación, el conocimiento actual permite establecer intervenciones eficaces y seguras, siempre dentro de un enfoque crítico y basado en la evidencia.
Una formación continua en este tipo de abordajes permite al fisioterapeuta optimizar sus resultados en consulta, especialmente en contextos de alto rendimiento.