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Valgo dinámico de rodilla: por qué mirar solo al glúteo puede hacernos perder información

Ultima edición: Septiembre 27, 2026, 00:48 Hrs

Una rodilla que se desplaza hacia medial durante una sentadilla, un aterrizaje o un cambio de dirección suele activar rápidamente una alarma clínica. Observamos el valgo dinámico y buscamos una explicación: poca fuerza de glúteo medio, falta de control de la cadera o una alineación que debemos corregir.

El problema es que el movimiento que vemos en la rodilla no se produce únicamente en la rodilla, ni depende de un solo músculo.

La posición del tronco, el movimiento de la pelvis y la cadera, la mecánica del pie y el tobillo, la velocidad de la tarea y la forma en que el deportista organiza una desaceleración pueden modificar considerablemente lo que observamos. Además, identificar un patrón de valgo no equivale automáticamente a identificar a una persona que se lesionará.

Para el fisioterapeuta, quizá sea más útil dejar de considerar el valgo dinámico como un diagnóstico y empezar a utilizarlo como información sobre cómo el deportista está resolviendo una determinada tarea.

Una rodilla que entra hacia dentro no nos dice por qué ocurre

El término valgo dinámico agrupa un movimiento tridimensional bastante más complejo que la simple posición medial de la rodilla que podemos observar frontalmente. Durante un aterrizaje o un cambio de dirección pueden participar diferentes combinaciones de aducción y rotación de cadera, movimientos de rodilla, posición del pie y desplazamiento del tronco.

Esto explica por qué dos deportistas pueden mostrar una imagen frontal aparentemente similar y, sin embargo, estar utilizando estrategias distintas.

También importa la tarea. Una persona puede realizar una sentadilla monopodal con un control excelente y mostrar un comportamiento completamente diferente cuando tiene que aterrizar después de un salto, desacelerar rápidamente o reaccionar ante un estímulo inesperado.

Por eso, utilizar una prueba lenta y predecible como representación de todo lo que ocurrirá durante el deporte tiene limitaciones. Cuanto mayor sea la distancia entre la prueba y la demanda real, más prudentes debemos ser con las conclusiones.

“Tiene el glúteo débil” es una explicación demasiado cómoda

La relación entre fuerza de cadera, control del tronco y lesiones de rodilla se ha investigado ampliamente. Existe una base biomecánica razonable para pensar que la capacidad de la musculatura de la cadera puede influir sobre la posición del miembro inferior.

Pero pasar de esa posibilidad a afirmar que el valgo dinámico se debe principalmente a debilidad del glúteo simplifica demasiado el problema.

Las revisiones sobre factores de riesgo relacionados con cadera y tronco muestran resultados variables y, en muchos casos, una certeza baja. Algunas variables pueden estar asociadas con el riesgo de lesión, pero la mayoría no permiten construir una cadena causal sencilla del tipo: glúteo débill+valgo= lesión.

Esto tiene una aplicación inmediata. Si observamos valgo durante un aterrizaje, medir fuerza de abductores o rotadores de cadera puede aportarnos información, pero no debería ser nuestra única exploración.

Quizá el deportista tenga fuerza suficiente y el problema aparezca únicamente cuando necesita aplicarla muy rápido. Puede que la posición del tronco esté modificando la distribución de cargas. O puede que el patrón solo aparezca durante una tarea reactiva que exige tomar una decisión en décimas de segundo.

La fuerza disponible y la capacidad para utilizarla durante una acción deportiva no son exactamente lo mismo.

El valgo cambia cuando la tarea deja de ser predecible

Este punto resulta especialmente importante en readaptación.

Gran parte de las pruebas clínicas se realizan en condiciones controladas: el deportista sabe cuándo saltará, dónde aterrizará y hacia qué lado realizará el movimiento. Sin embargo, muchas lesiones deportivas ocurren en escenarios muy diferentes, donde existe oposición, incertidumbre y necesidad de reaccionar rápidamente.

Cuando los cambios de dirección y aterrizajes pasan de anticipados a no anticipados, también cambia la biomecánica. Pueden aumentar determinados movimientos del tronco y momentos articulares relacionados con la rodilla, mientras el deportista dispone de menos tiempo para preparar la estrategia.

Esto significa que una persona puede “hacerlo perfecto” durante una prueba predecible y seguir teniendo dificultades cuando introducimos velocidad y toma de decisiones.

Por eso, la progresión no debería terminar cuando conseguimos una alineación visualmente satisfactoria en una sentadilla monopodal. Si queremos preparar al deportista para cortar, aterrizar o desacelerar, en algún momento tendremos que evaluar esas capacidades en condiciones que se aproximen progresivamente a la realidad deportiva.

Corregir el movimiento puede ayudar, pero necesitamos algo más que una consigna

Las intervenciones neuromusculares pueden modificar la mecánica del aterrizaje y, sobre todo, los programas preventivos que combinan diferentes componentes han mostrado capacidad para reducir lesiones de LCA, especialmente las lesiones sin contacto en mujeres deportistas.

Pero estos programas no suelen consistir simplemente en repetir “que la rodilla no entre hacia dentro”.

Entrenar fuerza, aterrizajes, desaceleraciones, saltos, cambios de dirección y control del tronco ofrece al deportista más recursos para resolver una tarea.

El feedback también puede ser útil, especialmente cuando ayuda a explorar una estrategia diferente y no se convierte en una instrucción rígida que el deportista necesita recordar durante cada acción.

Si queremos progresar el trabajo, podemos modificar distintas demandas:

  • Velocidad y fuerza. Pasar de tareas controladas a saltos, aterrizajes y desaceleraciones con mayor producción y absorción de fuerza.
  • Fatiga. Comprobar si la estrategia se mantiene cuando el deportista acumula repeticiones o llega al final de una sesión.
  • Incertidumbre. Introducir señales visuales, decisiones o cambios de dirección que no se conozcan previamente.
  • Contexto deportivo. Incorporar progresivamente espacios, implementos, oponentes y situaciones similares a aquellas que encontrará durante la competición.

Aquí los bullets sí representan cuatro variables de progresión diferentes. No son una receta universal: sirven para evitar que el entrenamiento se quede únicamente en conseguir una buena apariencia durante tareas sencillas.

No todo valgo necesita desaparecer

Existe además una cuestión que merece especial cuidado: perseguir una alineación absolutamente neutra durante cualquier acción deportiva puede no ser realista ni necesario.

El movimiento humano presenta variabilidad. La rodilla puede desplazarse medialmente durante determinadas tareas sin que eso represente automáticamente una situación patológica. Lo que nos interesa es el conjunto: magnitud y velocidad del movimiento, capacidad para manejar la carga, contexto en el que aparece, síntomas, antecedentes y demandas deportivas.

Esto también afecta a cómo interpretamos las pruebas de screening. Ninguna observación aislada del valgo permite predecir con suficiente precisión quién sufrirá una lesión de rodilla. Podemos identificar características sobre las que merece la pena trabajar, pero no convertirlas en una predicción individual de lesión.

La prevención funciona mejor cuando dejamos de intentar encontrar un único defecto responsable y desarrollamos varias capacidades relevantes para el deporte.

De observar la rodilla a entender cómo desacelera el deportista

Quizá este sea el cambio más útil para la práctica. Ante un deportista que muestra valgo dinámico, en lugar de comenzar automáticamente con ejercicios de glúteo podemos ampliar la valoración.

Podemos comprobar qué ocurre cuando aumenta la velocidad, comparar tareas previstas e imprevistas, observar el tronco, analizar cómo utiliza el pie y explorar si dispone de fuerza suficiente para las demandas que afronta. Después podemos modificar la tarea y ver qué estrategia aparece.

Eso permite que el tratamiento sea mucho más específico. Un deportista puede necesitar más fuerza; otro, aprender a distribuir mejor una desaceleración; otro puede perder control únicamente con fatiga, y otro puede tener dificultades cuando debe reaccionar ante un estímulo externo.

Dentro de FisioCampus, el área de fisioterapia deportiva y readaptación de lesiones permite profundizar en la valoración y progresión de las capacidades necesarias para el retorno al deporte.

El valgo dinámico sigue siendo algo que merece nuestra atención. Pero observar una rodilla desplazándose hacia medial no debería cerrar el razonamiento con un diagnóstico de debilidad de glúteo.

Debería hacer exactamente lo contrario: abrir la pregunta sobre qué está ocurriendo en esa tarea, por qué aparece ahí y qué necesita desarrollar ese deportista para resolverla mejor.

Bibliografía 

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