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Electrólisis percutánea en tendinopatías: ¿aporta realmente un beneficio clínico superior?

Ultima edición: Marzo 21, 2026, 00:34 Hrs

Las tendinopatías siguen siendo uno de los grandes retos en fisioterapia musculoesquelética. Persistentes, recidivantes y con tiempos de recuperación variables, obligan al clínico a tomar decisiones que van más allá del simple alivio sintomático.

En los últimos años, la electrólisis percutánea intratisular (EPI) se ha posicionado como una técnica invasiva dirigida a estimular la regeneración del tejido tendinoso degenerado. Su uso se ha extendido en patología aquílea, rotuliana, epicondílea y fascial plantar, especialmente en casos crónicos.

Pero la pregunta relevante no es si la técnica “está de moda”, sino si realmente ofrece un beneficio clínico significativo frente a otras intervenciones consolidadas como el ejercicio terapéutico progresivo.

Este artículo analiza la evidencia disponible y, sobre todo, cómo debes interpretarla en tu práctica clínica.

Tendinopatía: el error de tratarla como un proceso inflamatorio

La comprensión actual de la tendinopatía se basa en un modelo degenerativo y reactivo, no inflamatorio clásico. El tendón lesionado presenta:

  • Desorganización de fibras de colágeno.
  • Aumento de matriz extracelular.
  • Neovascularización.
  • Alteración mecánica en la transmisión de carga.

Esto explica por qué el reposo prolongado o los abordajes exclusivamente antiinflamatorios fracasan a medio plazo.

La intervención debe orientarse a restaurar la capacidad de carga del tejido, favoreciendo procesos de remodelación estructural. En este contexto, el ejercicio terapéutico continúa siendo el tratamiento con mayor respaldo científico.

La cuestión es si la electrólisis puede potenciar o acelerar ese proceso.

Electrólisis percutánea: ¿qué pretende conseguir realmente?

La EPI consiste en la aplicación de corriente galvánica a través de una aguja insertada en el tendón lesionado, habitualmente bajo guía ecográfica.

El objetivo no es “quemar” tejido degenerado, como a veces se transmite de forma simplificada, sino provocar una respuesta biológica controlada que reactive el proceso de reparación.

Se propone que la técnica:

  • Genera un microentorno inflamatorio terapéutico.
  • Estimula la fagocitosis del tejido degenerado.
  • Activa cascadas de regeneración.
  • Favorece la reorganización del colágeno.

Desde el punto de vista teórico, tiene coherencia biológica. Pero la coherencia fisiológica no equivale automáticamente a superioridad clínica.

¿Qué muestra la evidencia en el tratamiento de las tendinopatías?

La revisión sistemática publicada sobre la eficacia de la electrólisis percutánea en tendinopatías muestra resultados prometedores, pero con matices importantes.

Los estudios incluidos señalan:

  • Mejoría significativa en dolor a corto plazo.
  • Incremento de función en comparación con tratamiento convencional en algunos ensayos.
  • Mayor beneficio cuando se combina con ejercicio terapéutico.

Sin embargo, también se identifican limitaciones relevantes:

  • Muestras pequeñas.
  • Heterogeneidad en protocolos de aplicación.
  • Diferencias en intensidad, número de sesiones y frecuencia.
  • Seguimientos limitados en el tiempo.

Esto impide establecer conclusiones firmes sobre su superioridad frente a programas de carga bien estructurados.

La mejora observada podría deberse, en parte, al efecto combinado con el ejercicio, lo que dificulta aislar el impacto específico de la técnica.

¿Es superior a otras técnicas invasivas?

La literatura actual no demuestra de forma clara que la electrólisis sea superior a otras técnicas como la punción seca o la neuromodulación en términos de resultados clínicos sostenidos.

El efecto analgésico inmediato puede facilitar la progresión de carga, pero la adaptación estructural del tendón depende fundamentalmente de la exposición mecánica progresiva.

Por tanto, la EPI no reemplaza el ejercicio; puede, en determinados casos, facilitarlo.

¿En qué casos tiene sentido clínico aplicarla?

Desde el razonamiento clínico, la electrólisis puede considerarse especialmente en:

  • Tendinopatías crónicas con escasa respuesta a carga progresiva bien aplicada.
  • Casos con cambios degenerativos evidentes en ecografía.
  • Deportistas con necesidad de modular dolor para optimizar adherencia al programa.

No debería utilizarse como primera línea en fases altamente reactivas ni sustituir la progresión estructurada de carga.

El criterio de indicación es más importante que la técnica en sí.

Dosificación: el gran punto débil de la literatura

Uno de los problemas más claros en la evidencia es la ausencia de estandarización en los protocolos. Intensidad, duración de impacto, número de aplicaciones y frecuencia semanal varían significativamente entre estudios.

Esto obliga al fisioterapeuta a individualizar en función de:

  • Irritabilidad del tejido.
  • Fase de la tendinopatía.
  • Nivel competitivo.
  • Respuesta postintervención.

Sin este análisis, la técnica pierde precisión clínica.

Integración en un modelo basado en carga

La evidencia actual respalda un enfoque donde la electrólisis se integra dentro de un programa de:

  • Carga progresiva.
  • Educación en dolor.
  • Modulación de volumen de entrenamiento.
  • Control biomecánico cuando procede.

La técnica puede abrir una ventana analgésica que facilite la exposición progresiva a carga, pero no sustituye el proceso adaptativo que solo el ejercicio produce.

Si trabajas habitualmente con tendinopatías y quieres profundizar en los fundamentos neurofisiológicos, criterios de indicación y aplicación clínica estructurada de la electrólisis, la formación Electrólisis Percutánea Intratisular (EPI) y Neuromodulación: Bases, Fundamentos Teóricos y Casos Clínicos de FisioCampus te permite integrar esta técnica dentro de un razonamiento terapéutico sólido y actualizado.

Conclusión

¿Aporta la electrólisis percutánea un beneficio clínico superior en las tendinopatías?

La evidencia sugiere que puede mejorar dolor y función, especialmente a corto plazo y cuando se combina con ejercicio terapéutico. Sin embargo, no existe respaldo suficiente para considerarla superior al tratamiento basado en carga progresiva.

Su valor no está en sustituir el ejercicio, sino en complementar estratégicamente el proceso de rehabilitación cuando el razonamiento clínico lo justifica.

La clave no es aplicar más técnicas, sino elegir mejor cuándo y por qué utilizarlas.

Bibliografía 

  1. Abat F, Gelber PE, Polidori F, Monllau JC, Sánchez-Ibáñez JM. Revisión sistemática de la eficacia de la electrólisis percutánea en el tratamiento de tendinopatías. Fisioterapia. 2017;39(3):129–138. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0210123817300403
Autor: Admin

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